Shin (Cinema Bizarre), en quien me basé para hacer a Will
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Tocaba el reloj de mi cuarto las ocho y media.
Will se había quedado con nosotras todo el día. Había comido con nosotras y me había ayudado a repasar Español para el examen que tendría el viernes de la semana siguiente. Después nos pusimos a jugar un rato a juegos de rol on-line.
Y sonó el doble pitido del reloj. Las ocho y media.
No tardarás en saberlo. Solo quedan-miró el reloj-cinco horas…
Ahora solo quedaba media. Y comprendí a qué se refería mamá.
Mi padre, notario, cerraba su oficina a las ocho y media, después, iba a tomarse un café-cuando era más pequeña y no estaba loco le acompañaba- y cogía el coche para volver a casa.
Y daban las nueve.
Aquel pitido también alertó a Will. Pero fue solo un segundo, después volvió a regular el comercio entre su colonia de humanoides pez y la metrópoli en Fishland-el nombre del juego-.
Me alarmé por un segundo…y un cuarto de hora más tarde subió Eva.
-Ralph está a punto de regresar, Lena… ¿no has quedado con ninguna amiga?
-No mamá… ¿por?
-Will…llévatela lejos. Donde no pueda…
Estaba asustada, ¿Qué iba a pasarle?
-Mamá…me da igual los “secretitos” que tengáis vosotros dos…quiero saberlos porque soy tu hija.
-Bien. Ya te dije que no denunciaras. Porque está loco. Porque anoche me dijo que hoy iba a matarme y, bien cuerdo, bien loco, Ralph Weastley jamás incumple lo que promete. Sé que irá por ti y quiero protegerte. Cuando muera te irás con Will.
Estaba llorando. Como una bendita tonta. A mi madre le quedaban minutos de vida y yo estaba en casa y despierta…como en el relato.
-Mamá…vete, maldita sea. Vete, denuncia y vete… ¿Qué se yo? A cualquier otro lugar, lejos de aquí.
Mi madre negó. Estaba tan asustada, tan acobardada…el miedo había cerrado su mente. Solo pensaba en rendirse y ni su hija ni Will-fuera lo que fuera- iban a permitirle cambiar nada.
Entonces escuchamos la cerradura. Y comenzó la cuenta atrás.
-Ya no podéis iros de aquí, chicos-gimió mi madre.- ¿Puedes poner Wish I Had an Angel, Lena? Es lo que necesito ahora. Por favor, ponlo alto, ¿quieres?
Por el rostro de Will cruzó una mueca dolor. Casi de impotencia. Acaricié su brazo.
-Will…
Y la voz potente de la vocalista tronó en la habitación. Will echó el pestillo que mi madre me había permitido poner en mi puerta.
-Supongo que necesitarás respuestas, Lena.-Pude distinguir en medio de la música atronadora.
Asentí y Will…se quitó la sudadera. Vale, se que las cosas estaban lo suficientemente mal como para no prestarle atención a cosas tan banales como aquella, pero es que Will…tenía un cuerpo perfecto. Con sumo cuidado se peinó el flequillo, se cogió el pelo y me pidió un coletero. El más cercano estaba en el baño.
Negué con la cabeza y Will se encogió de hombros.
-Lena, por favor, toca mi tatuaje. El de las alas.
De hombro a hombro habían tatuado unas preciosas alas caídas, blancas impolutas. Realistas como nunca había visto así un simple tatuaje. Acerqué mis dedos y me estremecí cuando noté el tacto plumífero de aquel dibujo. No, no tocaba piel, tocaba…plumas.
-¿Will? ¿Qué…qué es esto?
-Apártate, por favor, Lena-solicitó. Reculé dos pasos. Él dejó caer el pelo y se concentró. Un haz de luz blanca iluminó su figura. Cuando se extinguió…dos enormes alas blancas se hallaban en el lugar del tatuaje.
-Will…
-Adhenael, Lena. Mi nombre es Adhenael. Ángel Protector de la Tercera Escuadra destinado a proteger a tu madre. Pero llegué tarde, Eva me pidió que no denunciara…y ahora…
Dio un respingo y echó la música al máximo. El grito de la segunda voz, capaz de emular al mismísimo fantasma de la ópera ahogó todo sonido que pudiera haber en la casa. Me temí lo peor.
-Adhenael… ¿Qué ha?
-¿Es todo tu relato verdad, Lena Weastley? ¿Bill y tú sois tan iguales?
-En gustos coincidimos en todo…-murmuré. Me temía lo peor.
Y Adhenael descorrió el pestillo. Le tomé de la mano, asustada.
Will se había quedado con nosotras todo el día. Había comido con nosotras y me había ayudado a repasar Español para el examen que tendría el viernes de la semana siguiente. Después nos pusimos a jugar un rato a juegos de rol on-line.
Y sonó el doble pitido del reloj. Las ocho y media.
No tardarás en saberlo. Solo quedan-miró el reloj-cinco horas…
Ahora solo quedaba media. Y comprendí a qué se refería mamá.
Mi padre, notario, cerraba su oficina a las ocho y media, después, iba a tomarse un café-cuando era más pequeña y no estaba loco le acompañaba- y cogía el coche para volver a casa.
Y daban las nueve.
Aquel pitido también alertó a Will. Pero fue solo un segundo, después volvió a regular el comercio entre su colonia de humanoides pez y la metrópoli en Fishland-el nombre del juego-.
Me alarmé por un segundo…y un cuarto de hora más tarde subió Eva.
-Ralph está a punto de regresar, Lena… ¿no has quedado con ninguna amiga?
-No mamá… ¿por?
-Will…llévatela lejos. Donde no pueda…
Estaba asustada, ¿Qué iba a pasarle?
-Mamá…me da igual los “secretitos” que tengáis vosotros dos…quiero saberlos porque soy tu hija.
-Bien. Ya te dije que no denunciaras. Porque está loco. Porque anoche me dijo que hoy iba a matarme y, bien cuerdo, bien loco, Ralph Weastley jamás incumple lo que promete. Sé que irá por ti y quiero protegerte. Cuando muera te irás con Will.
Estaba llorando. Como una bendita tonta. A mi madre le quedaban minutos de vida y yo estaba en casa y despierta…como en el relato.
-Mamá…vete, maldita sea. Vete, denuncia y vete… ¿Qué se yo? A cualquier otro lugar, lejos de aquí.
Mi madre negó. Estaba tan asustada, tan acobardada…el miedo había cerrado su mente. Solo pensaba en rendirse y ni su hija ni Will-fuera lo que fuera- iban a permitirle cambiar nada.
Entonces escuchamos la cerradura. Y comenzó la cuenta atrás.
-Ya no podéis iros de aquí, chicos-gimió mi madre.- ¿Puedes poner Wish I Had an Angel, Lena? Es lo que necesito ahora. Por favor, ponlo alto, ¿quieres?
Por el rostro de Will cruzó una mueca dolor. Casi de impotencia. Acaricié su brazo.
-Will…
Y la voz potente de la vocalista tronó en la habitación. Will echó el pestillo que mi madre me había permitido poner en mi puerta.
-Supongo que necesitarás respuestas, Lena.-Pude distinguir en medio de la música atronadora.
Asentí y Will…se quitó la sudadera. Vale, se que las cosas estaban lo suficientemente mal como para no prestarle atención a cosas tan banales como aquella, pero es que Will…tenía un cuerpo perfecto. Con sumo cuidado se peinó el flequillo, se cogió el pelo y me pidió un coletero. El más cercano estaba en el baño.
Negué con la cabeza y Will se encogió de hombros.
-Lena, por favor, toca mi tatuaje. El de las alas.
De hombro a hombro habían tatuado unas preciosas alas caídas, blancas impolutas. Realistas como nunca había visto así un simple tatuaje. Acerqué mis dedos y me estremecí cuando noté el tacto plumífero de aquel dibujo. No, no tocaba piel, tocaba…plumas.
-¿Will? ¿Qué…qué es esto?
-Apártate, por favor, Lena-solicitó. Reculé dos pasos. Él dejó caer el pelo y se concentró. Un haz de luz blanca iluminó su figura. Cuando se extinguió…dos enormes alas blancas se hallaban en el lugar del tatuaje.
-Will…
-Adhenael, Lena. Mi nombre es Adhenael. Ángel Protector de la Tercera Escuadra destinado a proteger a tu madre. Pero llegué tarde, Eva me pidió que no denunciara…y ahora…
Dio un respingo y echó la música al máximo. El grito de la segunda voz, capaz de emular al mismísimo fantasma de la ópera ahogó todo sonido que pudiera haber en la casa. Me temí lo peor.
-Adhenael… ¿Qué ha?
-¿Es todo tu relato verdad, Lena Weastley? ¿Bill y tú sois tan iguales?
-En gustos coincidimos en todo…-murmuré. Me temía lo peor.
Y Adhenael descorrió el pestillo. Le tomé de la mano, asustada.

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