martes, 16 de marzo de 2010

LCDLDT 4: Muerte y resurrección

(Alegre imágen final)
Un fuerte dolor atenazó mis entrañas cuando, colgado de la lámpara, vi a mi padre agonizar. En la cama, mi madre yacía con la garganta abierta y el edredón nórdico estaba cubierto de color carmín.

Proferí un grito de horror y caí en el parqué llorando con las manos tapándome el rostro. Era demasiado tarde para salvar a mi padre y entregarlo a la justicia. Demasiado tarde…para todo.
-Joder… ¿por qué? ¡POR QUÉ, JODER!-Grité. Adhenael me abrazó en el suelo.
-Lo siento…es culpa mía, lo siento Lena…
Entonces, abrazada al ángel y con mis padres ya ausentes, perdí el conocimiento por completo…

Silencio

- “Ahora solo se escucha el violín de mi tocayo, el grito al comienzo de Dark Side of the Sun. Desde el salón se escucha un jadeo de psicópata y la primera estrofa de la canción. Un llanto ahogado sale de mis pulmones y las lágrimas corren mi maquillaje. Lágrimas de odio, pena, rabia…e impotencia.”

Una tormenta fiera de aplausos se escuchó en el teatro del instituto de Sheffield donde yo estudiaba.
Se dice que hay sueños que puedes vivir en tres segundos toda una vida. Yo no llegué a tanto. No llegó ni a un día.
Me incliné “a la japonesa” y apagando el micro bajé las escaleras con mucha tranquilidad, dirigiéndome al patio de butacas. Allí, en la última fila, en pie, estaba alguien muy querido para mí.
Will.
Como siempre estaba con sus gorritos y su pelo bien planchado. Con sus sudaderas de animales- esta vez con un zorro blanco- y sus mitones a rayas.
Mientras la gente me aplaudía me dirigí hacia él, le besé.
-¿Cuándo has llegado?- dije en voz baja.
-Justo a tiempo para verte, ¿te basta?
-Sobra- volví a besarle divertida.- ¿Lo hiciste?-Le pregunté.
-Hecho. Hoy a la salida del trabajo una patrulla lo esperará a la salida de la notaría. Tu madre ha tenido muchas agallas. Has salido a ella Lena.
-Bueno…cumpliste tu misión, ¿no?
-Si…pero mira, he visto un piso a buen precio cerca. Creo que me quedaré a vivir por aquí. ¿Te parece?-Propuso. Yo sonreí y tomé asiento para terminar de escuchar los poemas y relatos de mis compañeros de último curso.
Will tomó asiento a mi lado, en el suelo.
¿Sabéis? El relato era verdad las dos veces. Pero sabía que ahora solo sentiría Bill Hubberman el dolor. Yo…yo había dejado de llorar lágrimas de tinta.

Fin.

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