viernes, 12 de marzo de 2010

LCDLDT 1 "Impotente llorón"


Me llamo Bill Hubberman. Tengo 17 años y me gustan Tokio Hotel y Nigthwish. Soy como una especie de gótico al que le gustan las películas sádicas de “Saw”. Pero esto…ya es demasiado. Oigo sus gritos desde el salón, los golpes e insultos y procuro tener la música al máximo. No quiero oír. Si voy a ayudarla sé que voy a recibir y tengo miedo por ella, por mamá, y trato de sofocar los gritos tecleando lo más fuerte posible mi nueva novela…pero aún la oigo. Deseo ser sordo hasta que todo acabe, pero esto no me es concedido.

Se acaba la canción.
Un nuevo insulto…


Silencio…

No pude más. Llorando como una magdalena, y delante de más de mil personas-todo el alumnado y el profesorado del instituto- apagué el micro y salté el círculo de velas que conformaban las 60 víctimas de la violencia de género aquel octubre de 2009.
Denise, la profesora de Filosofía que dirigía el acto de recuerdo, trató de detenerme: “¡Lena! ¿A dónde vas? ¿Qué te pasa, Lena?”
Nadie podía detenerme.
Nadie.

Mi nombre es Lena Weastley. Tengo diecisiete años y vivo en Sheffield, Inglaterra.
Soy rara a ojos de la mayoría. Tengo el pelo rojo anaranjado y liso y abundante. Lo suelo llevar escalonado. Tengo los ojos violeta, como Elizabeth Taylor-no, no he visto “Cleopatra”, si os lo preguntáis, pero a mi madre le gustaba mucho- y la piel morena. Sí, soy bastante guapa. Lo asumo, pero no alardeo de ello.
Soy gótica al más puro estilo manga. Para ir al instituto me levanto a las seis menos cuarto, me ducho, me plancho el pelo y lo cardo. Me maquillo, me pongo habitualmente leggins y faldas y un corsé y las botas de tacón grueso. Entonces me bebo un zumo, ya se me ha echado el tiempo encima. Es lo que tiene ser gótica de clase alta, que tus ropas son de internet, caras, buenas y muy, muy costosas de poner.
A mí, personalmente me gusta mucho escribir poesía gótica en prosa. Me encanta. Tengo más de un centenar de relatos de diez páginas escritos sobre cruces, almas y princesas que esperan más allá de la muerte a su prometido fallecido.
Una vez presentada creo que debería continuar, ¿No?


Salí del salón de actos y cogí mi bolso. Aquel día no nos hacía falta llevar mochila, puesto que íbamos a estar ensayando todo el rato -o a primeras horas me tocaba informática y en Historia estábamos viendo una película sobre el reinado de Victoria I de Inglaterra-. Del bolso-una cabeza perfecta de Jack Eskellingtone- extraje el pequeño Ipod con calaveritas y lo encendí. Me senté en un banco del pasillo que daba al salón de actos donde, tras la confusión general, se había reanudado el acto y Daniel Wolfe estaba recitando unos versos de John Keats acompañado de la música de cinco violonchelos.
Le di al on y empezó a sonar en mis oídos “Famous Last Words” de My Chemical Romance”. La música emo me sentaba bien. Me sentaba bien cuando estaba mal cuando escuchaba sin poder intervenir en las broncas de mi padre a mi madre porque a la ensalada le sobraba aceite. Me sentaba bien con mi estética de lolita gótica plagada de corsés, botarras hasta las rodillas y faldas de tul.
Con la voz de Gerard Way lloré todo lo que pude, me desahogué de la pena y el dolor que me producía una prosa demasiado real…aun pretendiendo no ser tan real. Lloré y lloré y el maquillaje corrió mejillas abajo.
Fue entonces cuando le vi.
Caminaba despacio, sin pausa, embutido en una sudadera decorada con guepardos bebé que le iba grande. Llevaba los pantalones en su sitio y en su cintura llevaba un cinturón negro y morado. El pelo, rubio como el trigo, le caía bien planchado. Me recordaba a uno de los grupos “para días alegres”: Cinema Bizarre. Si. Claramente aquel me recordaba mucho a aquellos alemanes tan enamorados del manga y el videojuego. En su cabeza, un gorrito blanco y negro le tapaba la frente.
Aquel chico me sonreía. No pude evitar responder de la misma manera. ¿Sabes lo que significa…”buena primera impresión”? Aquello fue demasiado poca buena impresión para lo que aquel aparente desconocido aportaría en la vida de la miserable Lena Weastley.
-Hola, ¿por qué estás llorando, chica?
-¿No estás en el acto?-Le pregunté con curiosidad.
-Acabo de llegar. Voy a matricularme. No sabía nada del acto, ¿de qué va?
-Es un acto contra la violencia de género…y yo acabo de huir de él.
-¿Por qué? ¿Tan mal lo hacían?-Bromeó.
-¿Ni se tu nombre y ya me estás sacando pecho como un chulo de playa?
Pareció alarmado.
-¡Ey, lo siento! De verdad…-Se acercó a mí y me ofreció la mano-mi nombre es William. Will para los amigos. Bill me parece muy feo.
-A mi me encanta-contesté emulando a mi tercer grupo predilecto.
-Ya…-sonrió-¿Y tú eres?
-Lena. A secas.
-Un placer, Lena.-Y se sentó a mi lado.- ¿Por qué llorabas?
-Por…esto-Le tendí la hoja. Él la leyó en silencio. Durante un minuto solo se escuchaba la música del teatro de aquel instituto de Sheffield.
-Lena…-parecía que Will hablaba para sí mismo. Lo que más me sorprendió, fue su frase:-Al fin te encuentro, Lena Weastley.

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